Homo Españis Profundis

Una de las características más irritantes de un Homo Españis Profundis es su gran capacidad para negar totalmente la realidad que tiene ante sus propios ojos. Y además, de manera autolesiva, de forma masoquista y, muchas veces, furiosa.

El tema es que la España Profunda (Deep Spain) sigue presente en el corazón mismo de las ciudades más grandes de este país, como Madrid, por ejemplo.

La gente es MUY egoísta. Cuando la gente tiene, no dan nada y cuando no tienen nada, lo piden todo, es el mismo egoísmo. El mismo. Egoísmo sólo hay uno: el Egoísmo.

Ese es el problema de raíz, el brutal egoísmo de la gente de este país, que unido a una incultura endémica, y no me refiero sólo a las clases bajas, a un miedo irracional y consentido, fomentado, proclamado, hasta con orgullo, orgullo irracional y cejijunto, y mamado con auténtica fruicción, miedo a perder-no-se-qué cuando ya lo has perdido todo, a una insolidaridad pasmosa, brutal y cruel, maliciosa, perversa, con tus propios compañeros de trabajo, ergo contra ti mismo, compañeros a los que vendes miserablemente para que a ti no te despidan, aunque te van a despedir igual dado que nadie ayuda a nadie y la solidaridad se toma como una peste de la que hay que huir(egoísmo estúpido, como todos los egoísmos, como cualquier egoísmo, estúpido como el Egoísmo) y un miedo al cambio que sea casi genético: un español tiene miedo hasta de cambiar de carnicería sabiendo que le engañan en la de siempre por ese miedo irracional al cambio, pues hacen que el PSOE gane en Andalucía y que el PP gane en las Generales. Siempre.

Lo de la carnicería es literal. Mi tía y todas las vecinas de su antiguo barrio estuvieron durante más de 20 años comprando en la misma carnicería y quejándose TODOS LOS DÍAS de que les timaban en el peso, que era verdad. En 20 años no fueron capaces de cambiar de carnicería. Esto es real. España profunda odiosa y que produce rabia por la irracionalidad cejijunta y consentida de quienes la practican. Miedo al cambio por el mero hecho de ser un cambio, no porque vaya a venir lo que sea, de lo cual, aún sin saberlo, también se tiene miedo.

Si empiezas a permitirte tener miedo de lo que aún no conoces, entonces acabarás de tener miedo hasta de lo que conoces, entonces acabarás teniendo miedo de TODO.

Si cedes ante el miedo, cedes para siempre y para todo. No hay miedos parciales a cosas determinadas. No. El miedo, o dejas que te invada, que te posea y que gobierne tus actos, que acabará gobernándolos todos, o, simplemente, no le permites el acceso a ti y no lo tienes. Entonces no lo tienes nunca, para nada y para siempre. Sin miedo.

O tienes miedo, que entonces se acaba convirtiendo en total y generalizado o, simplemente, no lo tienes. Depende de ti, sólo de ti y nada más que de ti.

Y digo «cedes» porque, como digo y redigo, el tener miedo sólo y exclusivamente depende de ti. El miedo, el tener miedo, es una cuestión tuya, exclusivamente tuya. Y, por tanto, eres tú quien la debe resolver. Ni pastillas, ni tratamientos, ni leches parecidas. Nada externo porque externo no es el problema. El problema está en ti y sólo tú lo puedes resolver. ¿Como? Me preguntarás. ¿Cómo dejo de tener miedo? ¡Dímelo, por favor, por favor, te lo ruego, no quiero tener miedo nunca más! Bien, te lo digo: se deja de tener miedo dejando de tener miedo.

Así de simple y de sencillo. Así de fácil. Así que manda a hacer puñetas a todos esos siquiatras-trileros, que son todos los siquiatras, deja de tomar pastillas-veneno, las pastillas de los siquiatras, deja de lloriquear en el hombro de todas y todos tus amigos y empieza a ser una persona, a ser realmente, una persona: deja de tener miedo.

Dile al miedo: No, Nunca más y para siempre. Se acabó, miedo, se acabó. Y esta vez, es para siempre. Se acabó.

El tener miedo, el sentir miedo, no depende, nunca, de ninguna circunstancia exterior, nunca, sino, solamente, de que tú permitas que esas o esa circunstancia te cause miedo, te causen miedo. Sólo y en exclusiva depende de ti. Tú permites o no al miedo adueñarse de ti. Tú y nadie más que tú, sólo tú, solamente tú. El miedo, depende de ti. No al revés y nunca ha sido al revés. El miedo es como los vampiros: necesita tu permiso para acceder a tu casa. Si nunca se lo das, el vampiro del miedo nunca, nunca, entrará en tu casa. Nunca. Jamás. Expulsarlo es mucho más difícil. Pero se puede hacer. Y una vez lo expulses, nunca, nunca, nunca más le dejes entrar. Nunca. Dile que NO al miedo, dile que NO.

Si reaccionas con miedo ante cualquier circunstancia, ese mismo miedo te bloqueará o te hará tener comportamientos erróneos, que imposibilitarán la resolución del problema, que harán que todo acabe fatal y que, entonces, como consecuencia, ese miedo se retroalimente para circunstancias posteriores, con lo cual, nos damos cuenta de que la dinámica del miedo es la típica dinámica de profecía autocumplida: si realmente tienes miedo de algo, acabarás provocándote ese algo tú misma o tú mismo, por activa o por pasiva, con lo cual, la única manera de que no te pase ese algo es, simplemente, no temer a que te pase.

Eso no significa necesariamente que no te vaya a pasar, que a veces te pasa, significa que no tienes miedo a que te pase, por lo cual, si te pasa, ya reaccionarás de la manera más adecuada para afrontar esa nueva situación que, como no tienes miedo, este hecho mismo de no tener miedo, te sitúa en un estado emocional e intelectual mucho más capaz para sacar, incluso, ventajas de tu desgracia.

Lo que sí es casi seguro que si tienes mucho miedo de algo, te sitúas en la condición mental tendente a provocarlo o provocártelo tú misma, tú mismo, ese miedo está grabado en tu inconsciente, inconsciente que, con este «leitmotiv oculto» del miedo, miedo permanente, constante, miedo insoportable, consigue que un buen número de tus acciones, sin tú darte cuenta, se orienten a conseguir que te pase eso que tanto temes, precisamente, porque lo temes.

Es como la gente que tiene vértigo, que si mira desde una altura relativamente grande, acaba echándose ella misma en manos del vacío, precisamente, por el miedo-pánico que tiene a caerse. Profecía autocumplida: el miedo.

El miedo tiene la curiosa propiedad de acabar provocándote aquello que más temes. La única manera de evitarlo es, simplemente, no tener miedo. Sin miedo. Ninguno. Sin miedo. Cero miedo. Cero, cero, cero. Cero miedo. Pero de verdad.

La única manera de combatir el miedo es, simplemente, no tenerlo.

Bien, entonces, el miedo concreto del que hablo en este artículo, que se incluye en los dominios mucho más amplios del Miedo, es miedo al mismo cambio en sí. Es irracional y bloqueante. Es estúpido y desesperante. Es la razón de casi todos nuestros males, los de España, los de este país de países que lleva siglos desangrándose a causa de la sinrazón, del egoísmo y de la incultura, sobre todo política, del pueblo. Del pueblo español.

El mayor miedo que tiene cualquier español no es al paro, ni a la pobreza, ni a quedarse sin casa. El mayor miedo que tiene un español es miedo al cambio per se, es decir, miedo al cambio por el mero hecho de ser un cambio, no por lo que se supone que vaya a venir después. Es increíble e irritante hasta el paroxismo.

Esto es uno de los factores que explican las tradicionales victorias de PP y PSOE en sus respectivos feudos… Como mi tía con la carnicería. Saben que les roban pero no son capaces de cambiar de partido simplemente porque no. Porque «alguien» les ha dicho que todo lo que sea cambio, todo, hasta para mejorar su propia situación, es malo. Porque alguien les ha dicho esto y HAN DECIDIDO CREÉRSELO, y digo «han decidido» porque las creecias, eso sí que es, más que cualquier otra cosas, una cuestión de absoluta elección personal: tu crees lo que quieres, y lo que no quieres creer, simplemente, pues vas, tan tranquilamente, Y NO TE LO CREES, releches, que parece que nos obligamos a nosotras y a nosotros mismos a comulgar con ruedas de molino y a creernos aquellas cosas que resultan, absoluta y descarnadamente, afortunadamente, increíbes. Basta ya de fés vanas, basta ya de creencias estúpidas, basta ya de creer en becerros de oro.

La Fe, muy por en contra de como nos han enseñado, no consiste en creer a ciegas. Eso no es fe, es estupidez sin paliativos. La Fe, entendida también en sentido teológico, pero no sólo, la Fe es sinónimo de confianza y solamente, solamente, puedes creer, puedes confiar, puedes tener Fe en aquello que se sustenta por las pruebas, sean estas pruebas empíricas o sean experimentales, de experiencia, de sentir, de experimentar. Los sentimientos, todos, son experimentales, simplemente, porque se experimentan.

Las pruebas experienciales son tan válidas como las empíricas. Igual, aunque la ciencia desprecie las pruebas experienciales, de experiencia de sentimientos y emociones, y las religiones desprecien las pruebas empíricas. Las dos se equivocan. Las pruebas pueden ser empíricas pero también experienciales. Las dos. No son excluyentes sino COMPLEMENTARIAS y tan válidas son las unas como las otras, IGUAL.

Ejemplo: cuando estás enamorado. El estar enamorado no se puede verificar empíricamente de manera totalmente fiable, sin embargo, sí se puede verificar experiencialmente de manera totalmente fiable: ¿Cómo compruebas que estás enamorado o enamorada? Porque SIENTES que lo estás… ¡Y que venga a decirte alguien que no estás emorada, que ese alguien saldrá corriendo despavorido por tus bufidos ante tamaña aseveración!

Empirismo y experiencialismo: la completitud de la persona humana. Ni ciencia exclusivamente, fundamentalismo científico, ni religiones, o ateísmo, o agnosticismo, exclusivamente, que sería fundamentalismo religioso. Las dos, simultáneas y complementarias; la parte científica y la parte anímica del Ser Humano, en paralelo, en armonía y en complementariedad, la Completitud de la Persona, entendida en sentido individual pero también colectivo.

La Totalidad de La Humanidad, la Completitud de La Humanidad: la parte científica y la parte anímica, espiritual, juntas de manera armónica, complementaria, en paralelo y sinérgicamente, y nunca, nunca, nunca, excluyente la una de la otra. La parte anímica, espiritual son las religiones, pero también los naturalismos (como el Budismo), el agnosticismo y el ateísmo, en paralelo, a, su vez, entre ellas, complementarias y nunca excluyentes entre ellas, a su misma vez.

Esta es La Humanidad que debemos construir entre todas y entre todos: Toda La Humanidad, La Humanidad Total. La Completitud de La Persona, entendida Persona en sentido individual y, A LA VEZ, colectivo. Los dos Sentidos de La Persona, el individual y el colectivo simultáneamente, sin primar uno sobre otra ni otra sobre uno. Son dos caras de la misma moneda y la moneda es La Humanidad. Todas. Sin excepción, sin NINGUNA excepción. Todas. Y Todas es Todas. Todas.

Los ateos y los agnósticos han resuelto esto, de momento, mucho mejor que los creyentes. Pero todos lo tendrán que resolver si queremos que la Humanidad tenga un futuro. Todas y todos.

Uno de los refranes españoles más conocidos reflejan este espíritu de miedo al cambio per se, aunque no es la única interpretación de dicho refrán: Más vale pájaro en mano que ciento volando.

Para construir esta Nueva Humanidad de la que hablo, el Cambio, es imprescindible.

Así que no sólo no hay que tenerle miedo al Cambio, ningún miedo, sino que, más bien, hay que tenerle Amor al Cambio: desearlo tan ardientemente que no te quede más remedio que llevarlo a cabo, desearlo tan ardientemente que no nos quede más remedio que llevarlo a cabo. Al fin y al cabo, todo es una cuestión de Amor. De Amor al Cambio, pero no por que sea Cambio, no Amar al Cambio en se, per se, porque sería tan dañino como temer al cambio per se. Amar al Cambio porque, como Amamos a La Humanidad, ya no Podemos soportar más el sufrimiento de esa Humanidad y, necesariamente, tenemos que ejecutar El Cambio. Por eso Amamos el Cambio. Porque Amamos a La Humanidad.

El Cambio, ya está aquí. Bienvenido sea el Cambio.

El Homo Españis Profundis (Deep Spaniard Man).

adoranser

Homo Españis Profundis

3 comentarios en “Homo Españis Profundis

  1. Es curioso, como en el otro post que comentas hablas de que las señoras del barrio llevaban 20 años yendo a la misma carnicería y quejándose de que les timaban. Y ahora leo este post. Obviamente, no se puede hacer un proyecto con chavales de 20 años, hay otros a medio camino entre senior y junior quienes «engrosan» las filas de esta gente: Que cambien de curro, de consultora o de sector, pero que no se quejen, si no actúan, que no se quejen.

    Firmado: Alguien que se pasó 10 años en el mundo de la seguridad, y que se cambió (y a mi no me «explotaban»).

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