Los Paradigmas de la Nueva Economía (Segunda Parte)

La primera parte de este artículo se puede leer en Los Paradigmas de la Nueva Economía, Primera Parte

Esta segunda parte se puede leer independientemente, pero se comprenderá mejor leyendo la primera parte.

En la economía actual la base de la medida es el valor y el objetivo es acumular valor, maximizar valor.

Si anulamos el concepto de valor, la economía cambia y, además, es imposible acumular valor.

En la Nueva Economía, la función es lo que se tiene en cuenta en lugar del valor. La medida de intercambio no sería una medida basada en el valor sino en la función, funcionalidad, entendida en sentido amplio que incluye el uso y la necesidad.

Es decir, el objetivo, en lugar de producir y acumular valor será potenciar la función. Será maximizar la funcionalidad, la utilidad de las cosas. No se cambia el objetivo de acumular valor por el de acumular función, que acabaría convirtiéndose en un valor en sí misma, sino que se cambia el objetivo de producir y acumular valor por el de ejercer función y maximizar la utilidad.

Estos conceptos de función y utilidad incluirían la disponibilidad, la accesibilidad de la gente, de las personas a esas funciones, a esos usos. Es decir, a la vez que el objetivo es maximizar la función, ese objetivo incluye maximizar el acceso de la mayoría de las personas a esas funciones, a esas utilidades.

Al establecer una economía en la que la medida de las transacciones sea la función y el objetivo a conseguir sea la maximización de esa función, incluyendo la maximización de la disponibilidad y acceso por parte de la gente de esa función, se tienden a establecer, naturalmente, dentro de este modelo económico, dinámicas cooperativas y sinérgicas en lugar de competitivas y excluyentes, como son las de la economía actual.

En esta nueva economía no tendría sentido la propiedad privada: al maximizar la función de los bienes y servicios y la disponibilidad y accesibilidad de los mismos para todas las personas, no tendría ningún sentido el querer tener cosas, en el sentido de posesión en el que se entiende el “tener” actualmente, ya que todas las funciones necesarias de una sociedad estarían disponibles para todo el mundo.

Esta nueva economía también retroalimentaría la propia conciencia y educación en la sociedad: ya no se valoraría al que tiene mucho, sino más bien, al que sabe mucho y sabe hacer muchas cosas y que, además, las ofrece desinteresadamente a las y los demás.

Por decirlo de algún modo, los ídolos de la sociedad y ejemplo para niñas y niños ya no sería la gente que tiene, que posee mucho, sino la gente que sabe mucho, que sabe hacer muchas cosas y que las ofrecen generosamente a las y los demás, por el principio de maximización de la disponibilidad y accesibilidad de esta nueva economía.

Los “ganadores” y modelos en esta nueva sociedad con este nuevo tipo de economía serían los sabios y no los ricos. En realidad, sería imposible que hubiera ricos, ya no tendría sentido ni sería posible, por diseño.

Esta economía, en lugar de favorecer sociedades basadas en el consumo y en el egoísmo, como las actuales, favorecería sociedades basadas en el aprendizaje, en el conocimiento, en el saber y el ofrecer.

Estas sociedades no anunciarían el consumo, el consumismo, y la posesión privada y egoísta como medida para alcanzar la felicidad, sino que ofrecerían el aprender, el saber y el compartir como medios de alcanzar la felicidad.

Estas nuevas sociedades no ofrecerían como camino para alcanzar la felicidad la acumulación egoísta de los bienes sino el crecimiento personal y colectivo en el saber, en el conocimiento y su compartición generosa entre todas y todos.

Por ejemplo: los jóvenes ya no saldrían los fines de semana a consumir drogas, alcohol y consumirse los unos a los otros, sino que, más bien, la diversión estaría en aprender, crear, compartir y amar.

No serían sociedades en las que se buscaría ansiosamente la alegría, sino que serían sociedades que, más bien, generarían alegría, felicidad, en lugar de depresión, irascibilidad, estrés e infelicidad generalizadas, tales como las actuales.

Serían Sociedades de la Alegría. Sociedades de la Felicidad. Sociedades del Conocimiento.

El amor es generoso o no es. Parece muy cursi, pero estas sociedades tenderían al amor en lugar de la agresividad, el odio y la violencia, porque, de manera natural se tendería a la dinámica del amor, entendida en sentido amplio.

Estas nuevas sociedades serían sociedades de la creación, en lugar de sociedades de la destrucción, como las actuales.

El único final lógico de las sociedades humanas tal como las conocemos en la actualidad es su propia autodestrucción, por sus propias dinámicas. Sociedades de la destrucción.

Sin embargo, en este nuevo tipo de sociedades basadas en nuevos paradigmas económicos, no habría fin lógico de estas sociedades, salvo cambios geológicos de gran alcance, sino que serían sociedades tendentes a la permanencia en el tiempo, la estabilidad, la cooperación, la paz, la justicia y la felicidad. Sociedades del amor. Sociedades de la creación, porque crean, en lugar de destruir.

Serían, también por decirlo de alguna otra manera, sociedades eternas, en el sentido de permanencia en el tiempo, en lugar de sociedades finitas o abocadas a su propio fin, tal como son las actuales.

En las teorías evolutivas más modernas se observa cómo, realmente, sólo subsisten, permanecen, los ecosistemas cooperativos, no los competitivos, tal como se creía antiguamente.

Estos nuevos postulados verifican estos nuevos descubrimientos.

Estamos en el prolegómeno, en la antesala, de Las Sociedades de la Alegría, la Felicidad y el Conocimiento y el Amor. Las Sociedades de la Justicia. Las Sociedades de la Libertad.

 adoranser

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