El Corazón debería Gobernar

el corazón debe gobernar

El corazón debería gobernar en el sentido de la franqueza, de la verdad de los sentimientos. A base de reprimir sentimientos en aras de una forma políticamente correcta en la sociedad, creamos una arquitectura de mentiras racionalizadas y autojustificadas que nos dejan a merced de lo que no sabemos ya si somos o no somos nosotras y nosotros mismos en realidad, en sentido individual y colectivo. Y esa arquitectura de mentiras, de sentimientos reprimidos, en lugar de canalizados, no francos, crea seres tarados sicológicamente, afectivamente, que acaban, de una manera o de otra, haciéndose daño unos a otros casi por sistema porque ya, en un mar de mentiras justificadas por la corrección de los comportamientos, realmente sacan la conclusión de que no se pueden fiar, en sentido profundo, de nadie, porque igual que mienten ellos, sacan como conclusión casi inconsciente, mentirán los otros. Y la rueda del maltrato, ya social, institucional, desmedido, casi como una pandemia extendida por toda la humanidad, continúa implacable, pareciera que imparable.

Adoranser

 

El Corazón debería Gobernar

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